domingo, 28 de marzo de 2010

Respuesta inesperada

Hasta las 12 p.m.
fermenta una esperanza imposible;
que anida
en tus tres as
desde hace un sueño;
preciso:
fermenta los domingos
hasta las 12 p.m.
más o menos en tus tres vocales
un flagelo, una utopía y una aventura.

Te duelen los ojos;
lo sé, sino lo invento
porque los ojos duelen
de sueño, o de odio pleno.

Hoy que rompes toda promesa
y tu lluvia me maldice hasta la náusea.

Solamente quiero caminar
lento como un microbio,
mudo como un microbio,
transparente como un microbio,
y escribir para deprimirme;
también como un microbio.

sábado, 20 de marzo de 2010

POEMA EN FORMA DEL VACÍO


Tengo abierta una herida
por donde respira la tristeza
en forma de poesía,
en forma, también de tu ceniza;
(en negrita).

Solamente "nosotros" podemos vivir la amargura,
de caminar sobre ideas que se desvanecen
o crear estancias donde pueda poseerte (puntos suspensivos)
o inventar un verano inmenso; con un beso más inmenso todavía.

No hay nada más vacío que los ojos de mi madre
cuando me reclama un espacio para ella
en mi vida, que ya no es mia.

Entre el internodio de mi alma y la tuya
está el vacío enorme de mi poesía,
esa pasión diáfana
que se abre espacios para ver la luz
en un destello de tinta;
como un reflejo inexacto de la vida.

Termino mi aparente muerte
lenta como el nacimiento de las amapolas,
como quien se resiste a la vida,
como la agonía de un sueño que reniega de despertar,
como una daga que no se decide a degollar.

Esto es poesía sin sentido.

LA CASA VACÍA. Manuel Scorza.

Voy a la casa donde no viviremos
a mirar los muros que no se levantarán.

Paseo las estancias
y abro las ventanas
para que entre el Tiempo de Ayer envejecido.

¡Si vieras!
Entre las buganvillas
cansadamente juegan
los hijos que jamás tendremos.

Yo los miro. Ellos me miran.
Mi corazón humea.
Éste es el sitio
donde mi corazón humea.

Y a esta hora,
en el balcón, callada,
yo sé que tú también te mueres
y piensas en mí hasta ensangrentarte,
Yo también pienso en ti.

Óyeme donde estés:
por esta herida no sale sólo sangre:
me salgo yo.

lunes, 8 de marzo de 2010

CONCUPISCENCIA NOCTURNA


Vengo, a secas,
para convencernos de la fangosidad;
esta mañana en vela
donde me tienes sitiado
desde antes de conocer tus dos ombligos.



Me has roto tus sueños
en el iris de estos ojos que ya no cantan
...y no encuentro los pedacitos.


Estremeño, Estremadura, otra vez Estremeño


Lo mejor del mundo,
es,
que,
me enseñaste a hacer el amor sin tocarnos;

¿Cómo se hace? ...jódanse.


Esta mañana sitiada,
concluyo,
que no solo me reventaste tus sueños
en las narices que ya no escuchan,
sino,
también,
los que engrendramos.

domingo, 21 de febrero de 2010

CAMINO DE SOMBRAS


Oigo el aullido del lobo

el sonido se desliza por este oído que va junto al suelo

puedo escucharlo también por este ojo tuerto

y por este ala de noche

donde a veces llueves para fornicar.


Rimbaud, Rimbaud, Rimbaud...


Y esta esperanza negra de latidos

latidos espesos, engrasados, espesos;

no te dejan esparcir con el viento,

para cumplir tu ciclo de hoja.


Manantial de momentos para no pedir la cuenta

y contar, más bien, los segundos sin tiempo,

para no reconocer a los regordetes hijos de tu jefe

y comerlos desde dentro.


Nunca debes enterarte que, tu hermana me mantiene.

viernes, 5 de febrero de 2010

Abrazado a la primavera


No hay cielo en la estrechez de tu blancura
solamente miedo;
vamos rondando, a lo lejos alguien viene...
...viene alguien a lo lejos...
se oyen los graznidos de su ansia
hay despiertos que no se aprietan en este lado oscuro de mi cama.

Siempre voy a hablar de este Lado oscuro de mi cama
donde no me alcanzan los sueños para recrearte.

En la calle alguien canta su desventura, congoja con este día nublado
donde no hay cielo; sino miedo.
Y mi madre prepara un puñado de bisteck con mierda,
me aprietas la mano cada vez más fuerte a la hora de comer.
No hay que temer hermanito.

Los graznidos se oyen a la vuelta de la esquina,
dónde correr con tus primaveras a esta hora que caen las gaviotas
esperame un ratito,
ah, no tenemos papá.

Qué prefieres, las gaviotas o las alondras...
-Prefiero los helados, los domingos por la tarde, sabor a fresa.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

LOS INFELICES

La carne humana me gusta desde la vez en que, como todos los domingos, comía donde doña Lucha; ah caray, esto pertenece a otro cuento que aún no termino de comer, digo, de escribir.
...........................................................I
En el asentamiento humano Villa Amapola no se necesita mucho para ser feliz, hay un caño común para los quinientos invasores, pero sobretodo para el polvo y el sol de medio día. El tiempo sobra en este lugar olvidado del mundo; pues nadie estudia ni trabaja. Que cómo sobreviven, pregúnteles a ellos pues y ya déjeme continuar mi cuento que va quedando bonito.
El tiempo sobra, así que puedes dedicarte a criar perros. Carlucho, mi hermano menor menor, tenía uno, Ryan, en honor a una película que vimos que vendían en la feria de los domingos, Ryan era como una bolita de pelos negros, tanosos y otra vez negros; muy pequeño y no tenía raza, creo que era más pelo que hueso y pellejo. Cuando corría, en realidad levitaba, el viento parecía levantarlo y daba la sensación de correr en el aire.
Comía muy poco, lo cual era una virtud en este lugar de hambre. Carlucho quería ser veterinario, todavía no podíamos decirle que en la Villa no había espacio para sueños.
Un día encontramos a Ryan muerto, bien muerto y atropellado. Carlucho era la personificación de la tragedia, subió a la cima de la invasión y desde ahí empezó a gritar, no lloró, emitió ruidos guturales, no lloró, grito horribles.
No fue fácil consolarlo, pero ayudó el dar cristiana sepultura a Ryan en el huerto, pues nos creyó que renacería en las plantas, y para nuestra sorpresa, apareció de pronto un cedro, creció enorme y, a ratos, cuando hacía viento, parecía correr como Ryan en el aire.

...........................................................II

Como todos los días, días de hambre, Luchín llegó con cuatro perros bebés, nunca nos dijo de dónde salieron. Que así se llamaban mis hermanitos: Carlucho y Luchín, mi madre: Abstenencia, y yo, yo mi nombre no lo voy a decir por pena. Teníamos que regalarlos o mi madre les daría vuelta, ¿Comprenden? Así que en Villa Amapola iniciamos la cruzada para encontrarles un hogar a los perrunos, al fin Doña Lucha nos recibió dos, muy a pesar de estar seguros que tarde o temprano los cocinaría la vieja endémica.
Mi madre tuvo que aceptar a los otros para felicidad de Luchín, quien sería el dueño, pues Carlucho, tenía suerte de perros para los perros.
Wanda y Thomas les puso Luchín; ella con el tiempo creció enorme, robusta, Thomas a su vez, se quedó flaco y escuálido. A pesar de todo lo que comían, había espacio para ellos en casa. Lo único especial es que ladraban todo el día, de puro placer o para fregar.
Luchín era muy bueno jugando a las bolitas, se iba toda la mañana al arenal, ganaba las que podía a los niños de la Villa Amapola y luego las intercambiaba donde el señor de la tienda por dos o tres panes para sus perros, era su forma de hacer patria en esta tierra de nadie.
De pronto, Luchín notó que Wanda engordaba sobremanera, “mamá mamá Wanda está embarazada” gritaba extasiado, casi como que los hijos fueran a ser suyos. Cuando nacieron, mis hermanitos estaban fuera de casa; mi madre tomó una enorme bolsa que decía plaza vea y fue donde Wanda, examinaba a los bebés uno a uno y en ese orden los metió en esa bolsa, excepto por uno; nunca más volví a ver aquella bolsa, todo el rato quedé callado, silencioso, cómplice. Al volver, no sé de dónde, Luchín observó maravillado al único sobreviviente, se lo mostró a mi madre y esta le dijo que era machito, Tiny, te llamarás Tiny, dijo Luchín. Con el tiempo Wanda, también inconsultamente, despareció.

...........................................................III

Tiny era coqueto, como todos los perros pequeños, juguetón, hay que decirlo otra vez, coqueto, la niña de los ojos de Luchín y Carlucho, convivían todo el tiempo, Tiny parecía hablarles, contarles su vida a ladridos.
Súbitamente nos dimos cuenta que Tiny no era tan Tiny, sus rasgos femeninos resaltaban, su mirada risueña, así que con el riesgo de ocasionarle un transtorno de personalidad lo rebautizamos como Tyna, si pues, era nena.
Yo no sabía como llamarle, ya me había acostumbrado a Tiny, así que seguí llamándola así y, como era de esperar, mi madre lamentaba que Tiny ahora fuese Tyna.
Los días eran soleados en la Villa Amapola, las noches eran crudas, en ningún momento podías sentirte cómodo con el ambiente y toda la culpa no es del sol o de la luna lunera, sucede que aquí no hay nada, eso es todo. Pero yo tenía algo, tenía a mi Rita, mi andina y dulce Rita, me la llevaba, cada vez que podía, al lago, nos bañábamos calatitos y cuando la tarde florecía comíamos los camotes ahumados que me cocinaba cada vez que nos secuestrábamos. Ah, en la Villa Amapola yo lo tenía todo.
Pero mi Rita me cambió por el hijo del presidente de la Villa, ¿Y yo dónde quedaba? Como nunca, después de eso la Villa Amapola me pareció más vacía y miserable.
Era como naufragar en el lago y nunca alcanzar la orilla, una orilla, una orilla…caminaba a casa, jodido.
“Hermanito, hermanito mira lo que le han hecho”, gritaba Luchín entre sollozos. Al mostrarme a Tiny o Tyna, la cara se me llenó de espanto, tenía la piernita izquierda destrozada, salió a la calle sin que nadie lo notara, inocente, un auto la atropelló, y el infeliz no reparó en quedarse y atenderla, continuó su trayecto, ni se inmutó mientras las perrita se retorcía de dolor en el suelo, la llevaron a casa, Carlucho dijo que cuando sea veterinario la curaría, ambos estaban inconsolables, y yo, ya me había olvidado de Rita.